ARTÍCULO SOBRE EL EJE CEREBRO-INTESTINO

Publicado el

Maria Martínez Luna

Rosa Maria Piñeiro Albero

CORRESPONDENCIA: rosa@adenfermero.es

ADeNfermero, 2022; v1 e1

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® ADeNfermere, 2022 

Recibido: 22.10.2022 

Aceptado: 22.11.2022

“El temor agudiza los sentidos. La ansiedad los paraliza”.

Debido al ritmo de vida que llevamos y a las situaciones de estrés a las que estamos sometidos no es de extrañar que nuestro bienestar digestivo se vea afectado, Y, de igual forma, si nuestra microbiota intestinal no está en condiciones óptimas puede repercutir en el resto de nuestro organismo. 

El estrés es una reacción de adaptación frente a una perturbación tanto interna como externa que afecte al organismo. Esto es muy interesante porque nos distingue dos tipos de estrés, el estrés que puede venir de fuera como por ejemplo cuando nos encontramos ante una situación complicada como cuando somos perseguidos. Y el estrés interno como por ejemplo cuando una persona se come 20 pasteles, esto produce una perturbación en el organismo y esto también sería estrés.

Hay dos tipos de estrés (eustrés o estrés positivo), hay personas que necesitan tener un poco de estrés para poder funcionar y tener agudeza mental y el distrés (estrés negativo). El estrés agudo suele ser un estrés positivo ante una situación compleja que cuando la resuelves se soluciona. Pero el estrés crónico, sostenido en el tiempo es del distrés.

Y nos preguntaremos, ¿qué cambios tiene el estrés sobre nuestro cuerpo? El estrés produce cambios no sólo en el cuerpo, sino que también produce cambios en la forma de ver la realidad, produce cambios percepción, en la toma de decisiones, a nivel afectivo. Al ser una perturbación que afecta al ser humano afecta a todo porque el ser humano no sólo es cuerpo, sino que es más que su cuerpo.

¿Qué efectos tiene el estrés en nuestro sistema digestivo? 

Cuando se activa el mecanismo del estrés hay que conseguir que las partes más importantes del organismo reciban la mayor cantidad posible de energía y sangre. Por ejemplo, cuando nos encontramos en una situación de estrés agudo, como cuando somos perseguidos por un león, en ese momento la función del aparato digestivo no es muy importante porque lo que prima es salir huyendo del depredador y a nadie se le ocurre pararse a comer un bocadillo.

El tubo digestivo consume mucha energía, no debemos olvidar que tiene una superficie muy grande y está compuesto por la boca, faringe, esófago, estómago, unos seis metros de intestino delgado, dos de intestino grueso y el ano. Cuando estamos sometidos a estrés, los mecanismos para adaptarnos a esta situación tienen que dejar de enviar recursos al tubo digestivo. Esto se tolera bien cuando es una situación de eustrés, una situación puntual, pero cuando esto se sostiene en el tiempo, distrés, esa falta de aporte energético al tubo digestivo tiene un impacto muy grande afectando también a la microbiota, que es el conjunto de microorganismos que habita en la parte hueca del tubo digestivo y son fundamentales en nuestra salud.

Uno de los daños que se producen es la reducción de la barrera de moco en el intestino delgado. Esta barrera es muy importante porque evita que entren agentes patógenos como bacterias o virus. Además, cuando nos encontramos en una situación de estrés crónico, las células caliciformes (que son las encargadas de producir el moco) producen menor cantidad de moco lo que hace que el intestino adquiera una forma porosa debido a que las uniones entre células se rompen. Todo esto puede llegar a desencadenar que por esos poros se cuelen agentes patógenos y sustancias irritantes lo que puede hacer que el sistema inmune desencadene una respuesta inmune e inflamatoria.

Los síntomas con los que se manifiesta esta afectación desde el punto de vista conductual son el aislamiento, agresividad (son personas más agresivas), cuadro depresivo, es una persona que, además, busca menos relacionarse con otras personas. Por otro lado, en el tubo digestivo lo que está ocurriendo debido, por una parte, a la alteración de la microbiota y, por otra parte, a la alteración en general sobre el tubo, es que empieza a ponerse en marcha un proceso inflamatorio crónico que puede llegar a afectar incluso al cerebro y puede llegar a desencadenar enfermedades muy variopintas. Podemos encontrar desde alteraciones en el propio tubo como colitis ulcerosa, intestino irritable, etc., hasta alteraciones neurodegenerativas como Párkinson, Alzheimer, enfermedades articulares. Cosas totalmente distintas que nadie imagina que puedan tener un mismo origen. 

Como decía Hipócrates, hace más de 2000 años, “todas las enfermedades comienzan en el intestino”.

¿Y cómo podemos solucionarlo? 

En primer lugar, los hábitos de vida alargan la vida, pueden evitar que aparezcan enfermedades e incluso son capaces de revertirlas. Debemos tener en cuenta la nutrición debido a la importancia, tal y como hemos comentado, de la microbiota. 

En segundo lugar, el ejercicio físico es fundamental porque no sólo ayuda al corazón, no sólo ayuda al cerebro con la formación de nuevas conexiones, sino que también ayuda a la microbiota ya que el sedentarismo no favorece la motilidad intestinal y ésta es muy importante ya que todo está conectado. 

En tercer lugar, las relaciones interpersonales ya que se ha demostrado que las personas que se sienten acompañadas reducen el distrés ya que se sienten menos solas y más capaces de afrontar sus desafíos.

¿Cómo podemos actuar desde el punto de vista profesional? 

Desde los servicios de farmacia, enfermería, atención primaria y todos los demás servicios al cuidado de la salud de las personas debemos trabajar conjuntamente para promocionar estos hábitos saludables de vida. Es importante cuando un paciente acuda a nosotros comentándonos síntomas de malestar intestinal y malestar general que le preguntemos si está pasando por un momento de estrés y desde cuándo se siente así y darle todo nuestro apoyo para intentar revertir y/o mejorar esa situación de estrés.

Debemos trabajar unidos para humanizar la atención sanitaria y para ofrecer y mejorar la calidad de vida de las mejorar y la sanidad.

María Martínez Luna y Rosa María Piñeiro 

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